"TODOS TENEMOS UN GRIAL... Y YO HE ENCONTRADO EL MIO".

sábado, 19 de septiembre de 2009

XVI.- EL FIN.

Leah en casa. Acuarela con laca sobre papel hilado 21 X 26,5 CM. abril 2006.Dibujo publicado en la pagina británica Lashtal.com The Aleister Crowley society, 15 diciembre 2006.

La historia de Leah Hirsig en Thelema toca a su fin. A partir de entonces no sigue con su diario mágico, y Crowley tampoco la menciona en el suyo. Tenía treinta y cinco años cuando conoció a la Bestia. Lo que en una ocasión le dijo Crowley puede darnos una idea acerca del estado en que se encontraba por aquel entonces: «Das siempre la impresión de que te vas a echar a llorar». El comentario de Leah fue el siguiente: «Siempre me he sentido así durante... toda mi vida».

Una carta de Mudd, desde Weida, fechada el 3 de noviembre de 1925, y enviada a Martha Küntzel, que sigue en Leipzig, nos da algunos detalles sobre la difícil situación en la que se encontraban, por aquel tiempo, los dos discípulos más devotos de Crowley:

“Que yo pueda ir o no a Leipzig -incluso en una visita de corta duración, lo que me gustaría sobremanera- es algo totalmente incierto. Depende de lo que 666 quiera que haga respecto a determinados asuntos. Pero Saturnus (Germer) podrá acercarse hasta Leipzig antes del 16 de noviembre, aunque sólo sea para ver que Leah se encuentra bien. Creo que debería recordar que está fuera de toda discusión que ella permanezca aquí durante la venta de la casa. De hecho, se encuentra ahora muy empobrecida, sin poder trabajar y, además, está un poco preocupada porque piensa que nos distrae de nuestras ocupaciones. Su alejamiento del mundo deberá continuar hasta finales de noviembre, y debemos hacer todo lo posible para aseguramos de que las cosas están en su sitio, y de que todo se desarrollará con normalidad. Saturnus y yo pensamos (y yo creo que ella también está de acuerdo) que, en cuanto le sea posible, debe abandonar Weida y dirigirse a Leipzig para preparar el viaje, que no es un asunto nada fácil. Ya te avisaremos. Una vez que esté en Leipzig, si no te importa, queremos que te ocupes de ella en general, aconsejándole, por ejemplo, un buen lugar donde quedarse hasta que dé a luz. Creo que eso hará que te sientas feliz. Leah, como sin duda habrás adivinado, es uno de los más importantes engranajes 'de la Gran Obra. Su salud siempre ha sido delicada y aunque se encuentre en buena forma, nunca deja de ser nerviosa. Cualquier percance se convierte para ella en una terrible contrariedad. Puedo decirte, con toda franqueza, que la salud de Leah es lo único de la presente situación que, por mucho que lo intente, no deja de preocuparme”.

El niño nació, por fin, y supuso para Leah algo de alegría; le llamó Al, la palabra clave del Liber Legis, que es uno de los nombres hebreos de Dios, y por ello, muy apropiada para un niño. Pero aquella historia no tuvo un final feliz. William George Barron, el padre de la criatura, no sólo no se casó, sino que desapareció, yéndose al Oriente, ante la indiferencia de Leah, a quien él no parece haberle gustado nunca demasiado.

Ella seguía contando, no obstante, con el fidelísimo Norman Mudd, en cuyo diario se recoge que Leah había roto el corazón de su madre.

Los dos vivieron juntos, algún tiempo, con los miembros de la rama alemana de la O.T.O.

Durante los dos años que siguieron, Leah encontró la ocasión de escribir a Crowley algunas cartas, escasas y áridas, sobre cuestiones referentes al Liber Legis y al destino de la humanidad; pero finalmente, Crowley, que desconfiaba de sus intenciones, promulgó desde su hotel de París una encíclica que la condenaba como fuente de pestilencia, instando a todos los miembros de la Orden a destruir, sin haberlas leído, todas las comunicaciones que hubiesen sido escritas por ella.

¿Qué había hecho esta vez? En el Comentario al Liber Legis se dice: que «está prohibido el estudio de este libro ... los que discutan su contenido deberán ser rehuidos por todos ... ».

Así pues, ésta era la acusación oficial: Leah Hirsig, antigua Mujer Escarlata de la Bestia 666, había discutido y estudiado el Liber Legis. La denuncia era incontrovertible: ambos lo habían discutido y estudiado durante años. Sin embargo, la Bestia le ofreció un medio de expiación: debía procurarle «las pruebas pertinentes para acusar a Norman Mudd de felonía». Según Crowley, O.P.V. le había robado algunos libros. (¿Acaso había alguien a quien no llamase ladrón?)

Mudd, que se moría de hambre, odiado y despreciado por Crowley por motivos que escapan a la razón, había vendido algunos ejemplares de The Scented Garden of Abdullah the Satirist of Shiraz y algunas colecciones de The Equinox para procurar fondos a su Maestro, y había cogido para sí parte de lo obtenido, con intención de proseguir la Gran Obra.

Pero Leah no quiso dejar a su único compañero y amigo a merced de la Bestia. Así pues, envió a Crowley una circular impresa y firmada en la que renunciaba a su papel de Mujer Escarlata.

La fe de Mudd sufrió una transformación inesperada. La llegada del Nuevo Eón seguía siendo algo cierto, pero no se trataba del Eón del Hijo Coronado y Conquistador, es decir Horus, puesto que Crowley era un Falso Profeta. El se había confundido al adorar a la Bestia, ya que debía haberse adorado a sí mismo. Y comenzó a proclamar que él, nadie lo diría, Omnia Pro Veritate, era el Maestro del Mundo al que la humanidad esperaba. Pero sólo consiguió irritar en tal grado a su anfitriona, Martha Küntzel, que ésta, después de llamarle saboteador, le echó a la calle.

Martín Booth añade que “Crowley le dio una oportunidad de reconciliación. Pensaba que Mudd había robado alguno de sus libros para venderlos. Si Leah confirmaba sus acusaciones, Crowley le perdonaría sus transgresiones contra él. Pero por entonces la visión que Leah tenía de Crowley había cambiado mucho y se negó a calumniar a quien alguna vez fue su esposo mágico. Crowley se enfureció tanto que envió una circular por la que la repudiaba oficialmente” (pag 544-545).

Hay un último documento, el más extraño de los escritos thelémitas, la última palabra de Leah Hirsig a Aleister Crowley, que fue enviado desde España, con fecha de 6 de septiembre de 1930 (según mArtin Booth ese documento fue redactado en Suiza en diciembre de 1929 Su satánica majestad pg 544), y que está escrito con la pulcra caligrafía de Norman Mudd. Está dirigido a «E.A. Crowley Esq.», y comienza con el tratamiento de «Estimado Sr.», acabando con un «Suya afectísima» firmado por «Leah Hirsig». No aparece en él el saludo thelémico de «Haz lo que Quieras será toda la Ley», ni el corolario de «Amor es la Ley, amor bajo el dominio de la voluntad»; pues en esta carta no hay ley, ni mucho menos amor: es el acto final en el que se despoja de Crowley y de su credo; pero no resulta convincente: todavía sigue poseída por «el demonio crowleyano», pues su sombra corre en pos de ella, y también en pos de Mudd:

“En varios momentos de mis anteriores relaciones con usted, y actuando en parte bajo su inspiración, contraje diversos juramentos u obligaciones similares.

Le comunico que todas las promesas que antaño le hiciera personalmente a Vd. -sean llamadas o descritas como juramentos, votos, obligaciones, empeños, o de cualquier otra forma- ya sean garantizadas por mi firma, mi palabra hablada o por otro medio; todos los pactos, estatutos e instrumentos del tipo que sean, que puedan dar a entender que usted posee algún derecho formal sobre mí, han prescrito desde este momento, y en lo que a mi concierne.

Defino el símbolo X para indicar una determinada ceremonia, con la que deberá darme a entender, en una forma que yo aprobaré, que ya no me liga a Vd. ninguna obligación de tipo personal.

Defino el símbolo X para indicar el período de tiempo que comienza hoy mismo --6 de septiembre de 1930-- y que se prolongará hasta que, pero no después que, Vd. me envíe un certificado oficial declarando que la ceremonia X ha sido realizada debidamente.

Durante todo el tiempo de X, ignoraré, para mi deleite, 1) cualquier insinuación de que cualquier comunicación de Vd. es confidencial o restringida del modo que sea, y 2) cualquier mensaje escrito de su parte que no vaya firmado con su apellido -Crowley- ni escrito con una caligrafía que yo pueda reconocer como suya.

Defino el símbolo X para indicar el momento del mediodía (según el meridiano de Greenwich) del 6 de octubre de 1930.

Defino el término Lyg como un nombre común que significa una proposición que yo ofrezco al conocimiento de otros -alguna supuesta inteligencia distinta de la mía- como si yo creyese en la proposición, mientras que en realidad no creo en ella.

Las palabras del género Lyg no necesitan ser formuladas como palabras.

Puedo producir y transmitir Lyg por cualquier medio de comunicación: generalmente, mediante gestos y representaciones, dibujos, olores, vestidos, música -signos positivos, como cosas visibles y aparentes, señales e indicios de innumerables tipos -y también, negativos, mediante silencios significativos y otros mecanismos de inhibición, etc".

El único comentario de Crowley a este documento, la magia de Leah contra su magi(k)a, está escrito a lápiz sobre su encabezamiento: «Redactado por Norman Mudd ... lunático y ladrón».

De esta manera, Leah Hirsig, la Mujer Escarlata, renunció a Aleister Crowley, la Bestia 666, y salió de su vida. De todas las mujeres que Crowley amó, pretendió amar, o pensó que había amado, fue la que más cerca estuvo de su corazón y la que más derecho tenía a exigir su fidelidad pero, a pesar de eso, la echó a un lado y siguió glorificando a los dioses inmortales. Y ni él ni ninguno de sus seguidores thelemitas supo de ella. De aquí en adelante su historia se nos hace nebulosa y complejamente, sencilla. Algo se rumoreó acerca de que se había convertido al catolicismo y de que en el seno de su Iglesia, según Symmonds, encontró finalmente, la paz.
Algún tiempo después, en la década de los treinta, regresó a los Estados Unidos y durante 1949, cuando John Symonds estaba escribiendo su biografía sobre la Bestia, le escribió una de sus hermanas, rogándole que no mencionase el apellido de Leah ya que había regresado a su antigua vocación de maestra. Por esta razón, en la primera edición de La Gran Bestia, la llamó Leah Faesi.

Como podemos observar en las ediciones de The King of The Shadows Realm y The Great Beast, según John Symmonds murió en 1951, lo que es erróneo. Incluso se siguen reeditanto estos textos como la versión española de Javier Martín Lalanda sin hacer crítica a ese error. Incluso el mismo Martin Booth que se supone había avanzado también en la investigación en torno a Crowley da por hecho aquella fecha de muerte (Su satánica majestad, A Magick Life, pag 545)

Leah según mis últimas investigaciones y los invalorables aportes de Jorge Maxit (familiar directo de ella), hoy sé que falleció el 22 de febrero de 1975 en Suiza a la edad de 92 años. Hay una fotografía en posesión de Jorge Maxit que he visto, tomada en Berna en 1953 en un estudio que creo hay otras copias. Jorge me cuenta que tiene una dedicatoria en el dorso a su abuelo escrita en alemán. Aparece citándolo “vestida con un abrigo algo tosco, grueso y una camisa con un lazo de varias vueltas a la manera de corbata. Leah tiene el pelo recogido, algo blanco pero no totalemtne. Usa anteojos de plástico. Su piel muestra arrugas, pero ellas son finas. La foto fue tomada el 8 de abril de 1953 y enviada a Juan Hirsig el 30 de junio del mismo año a Rosario, Argentina. Esta es la prueba que desmiente la fecha de John Symmonds absolutamente diera sobre su muerte". Por respeto a la familia y por desición de Jorge no la publico aqui.

Es una imagen maravillosa. Es la época en la que se encontraba completamente desvinculada de las actividades que la hicieran famosa y se dedicaba a enseñar, aparece de 69 años y se ve muy bien, radiante, hermosa a pesar de todo lo que vivió y sus años de rigor. Sus ojos son cristalinos y expresivos detrás de esas gafas gruesas, mirando fijamente al espectador. Debajo de la línea que separa su nariz, hay un leve atisbo de sonrisa en la comisura de sus labios, lo cual habla que en ese aspecto Symmonds no se equivocó ebocando sus últimos años, pues deja ver su paz.

En las múltiples conversaciones con Jorge, han aparecido los momentos en mi mente, en los cuales me imagino depositando una flor en alguna sepultura del cementerio de Meringen que está al este de Interlaken, sobre la ladera norte de la montaña que delimita el valle donde se encuentran los dos lagos. Ahí actualmente viven algunos Hirsig, que poseen un hotel, y de seguro, tienen noticias del lugar donde descansa finalmente la Amada Maestra Leah Hirsig, Alostrael. Estos serán los pasos de ahora en adelante en torno al homenaje que le brindo a esta mujer notable, llena de pasión y vida, por lo que este blog, aun no está finalizado.

En las próximas publicaciones intentaré esgrimir lo que ocurre con Leah después de 1929, cuáles fueron los pasos que siguió, cuales son las opiniones de otros autores sobre ella y una traducción de sus diarios magickos al idioma castellano. Es de esperar, seguir disfrutando de su compañía en esta vida y en el astral.
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Sol 27° Virgo, Luna 14° Libra Dies Saturnii
sábado, 19 de septiembre de 2009 e.v. 20:42:27

Vista panorámica de Meiringen, Suiza.
Fotografía de las calles de Meiringen hoy.





Este video muestra la entrada a la recién inaugurada Alpbachschlucht en Meiringen, con vistas panorámicas al pueblo. Así por tanto debe ser el paraje que rodea el cementerio donde está enterrado nuestra amada Leah. Video del 2008.





Visión desde el tren de las casas de tipicas de Meringen, quien graba menciona que van a Interlaken. . Video reciente del 13 de septiembre del presente.

Sitio web oficial de Meiringen http://www.meiringen.ch/

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